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sábado, 13 de marzo de 2010

Fomentar La Autoestima En Los Niños


Fomentar La Autoestima En Los Niños

El concepto “autoestima” es relativamente reciente. La mayoría de nuestros padres y educadores no habían ni escuchado hablar del término. Cuando comenzamos a educar a los niños lo hacemos lo mejor que podemos ya que nadie nos entrega un manual de cómo mejorar, corregir o cambiar lo que sentimos que falló.

Pero sin darnos cuenta, volvemos a repetir el mismo modelo que empleaban nuestros padres a la hora de educarnos. Con el propósito de corregir el comportamiento o actitud del niño, creemos que señalando continuamente sus errores, lo qué hace mal, sus equivocaciones y supuestos fracasos obtendremos resultados óptimos. Sin embargo, los resultados suelen ser lo opuesto, porque lo que estamos haciendo es reforzar lo que en un principio queríamos cambiar.

Las creencias de los padres es lo primero que los niños aprenden. Lo que creemos de nuestros hijos y como nos comunicamos con ellos es la base de su desarrollo como individuos equilibrados. La imagen que estableces de tu hijo, se convertirá en la que él aprenderá a tener de sí mismo.

Es fundamental observar cómo nos comunicamos con ellos para modificar los mensajes que puedan estar influyendo negativamente en el desarrollo de su autoestima.

¿Cómo describirías a tu hijo?

Cuando hablas de él, ¿señalas sus defectos o sus virtudes? Es importante prestar atención a los mensajes verbales y no verbales que les transmitimos. Hay que observar el lenguaje que utilizamos cuando nos comunicamos con ellos. ¿Estamos constantemente recordándole lo que hace mal, lo que no hace, lo que debería hacer? Y preguntarnos sinceramente si estamos obteniendo los resultados que deseábamos en un principio.

Un lenguaje crítico o acusador con el niño, lo desalienta. Si le reprimimos constantemente o menospreciamos, dejará de confiar y comunicarse con nosotros. Si le humillamos o ridiculizamos sus intentos, acabará perdiendo seguridad en sí mismo y dejará de probar nuevas actividades. Pensará “¿para qué? Si nada de lo que hago está bien”.

Cambiar el lenguaje

Es más efectivo corregir al niño con mensajes claros y concisos, sin críticas negativas, guiándole amorosamente hacia lo que esperamos de él. Cuando el niño no se siente juzgado, ridiculizado o humillado, no pierde la confianza en sí mismo, ni duda de su valía.

Cuando aprendemos a comunicarnos con el niño desde un lenguaje que resalte sus cualidades en vez de sus defectos, comenzaremos a ver resultados alentadores. Si le estimulamos positivamente, el nos responderá positivamente. Aprenderán a crecer con confianza en sí mismos y en el mundo que les rodea, y se sentirán capaces de afrontar nuevos retos, sin miedo al ridículo o a equivocarse.

Si elogiamos las cualidades del niño, estaremos potenciando su autoestima. Cuando reconocemos su valía, por ejemplo, cuando le decimos: “Valoro tu inteligencia, tu sensibilidad, curiosidad”… estaremos reforzando sus aspectos positivos y eso les estimulará para continuar con confianza en la vida.

Formas de fortalecer su autoestima

A continuación aporto algunas formas sencillas para comenzar a potenciar la autoestima de los niños.

Escribir una lista de todas las cualidades de tu hijo

Recordarle cuanto le valoras
Elogiar cada pequeño progreso
Aceptarle tal y como es
Guiarle amorosamente para corregir comportamientos inadecuados
Emplear un lenguaje verbal y corporal positivo
Dejar de criticarle
Dejar de utilizar la culpa como estrategia
Lenguaje Verbal Positivo

Estoy orgullosa de ti
Eres un niño muy: sensible, creativo, inteligente, simpático…
¡Eres capaz! ¡Inténtalo!
Puedes equivocarte, así aprendimos todos
Cada día eres más: ordenado, despierto, atento, cooperativo…
Lenguaje Corporal Positivo

Demostrarle tu afecto
Darle mimos, besos, caricias y abrazos
Jugar con tu hijo
Escucharle con atención: sus percepciones son importantes
Una vez que hayáis comenzado a poner en práctica estas sugerencias, les recomiendo que tomen nota de los resultados. ¿En qué ha mejorado el niño? ¿Qué actitudes han cambiado?

Para concluir, no existen los padres perfectos, ni los hijos perfectos. Todos, lo hacemos lo mejor que sabemos y podemos. Lo importante es “darnos cuenta” y modificar lo que vemos que no funciona. Aprender a potenciar las cualidades positivas de nuestros hijos para que puedan llegar a desarrollarse plenamente en todos los aspectos de su vida.

G.C.

jueves, 11 de marzo de 2010

Libros que nos ayudan a estimular la inteligencia de nuestros hijos



Muchos cuando oyen a unos padres interesados en la estimulación temprana de sus hijos, en seguida piensan en unos padres empeñados en tener un niño superdotado, forzando a su hijo con todo tipo de actividades aburridas y queriendo que toque el piano a los seis años.

Nada más lejos de la realidad de muchas familias. La estimulación temprana bien entendida consiste en compartir tiempo de juego y risas con los niños. En pasarlo bien tanto los padres como los hijos. Trata de que los padres, al tiempo que se divierten, ayuden a sus bebés a desarrollarse de una manera saludable sin forzar nada.

Respetar los ritmos de cada niño es fundamental. Pero ese respeto no está reñido con una estimulación adecuada que les ayude a sacar todo su potencial
No hay que obsesionarse con las escalas de desarrollo y pretender que el niño esté siempre por encima de la media, tampoco marcarse programas y horarios rígidos ni ser un experto en estimulación temprana.

De hecho estimular a los bebés de la forma adecuada es algo que les sale de manera instintiva a casi todos los padres. Y prácticamente todos los juegos tradicionales como los cinco lobitos, los juegos de cosquillas, las canciones típicamente infantiles... es precisamente lo que hacen: estimular la inteligencia de nuestros bebés.

Hay en el mercado una cantidad enorme de libros muy interesantes en este sentido. Aquí hay una selección, que incluye tanto clásicos como Los gestos del bebé hasta recientes lanzamientos como La magia de desarrollar la inteligencia de nuestros hijos.

Los gestos del bebé, cómo hablar con tu hijo antes de que él sepa hablar de Linda Acredolo y Susan Goodwyn es un ejercicio magnífico de comunicación temprana. Las autoras proporcionan a los padres un programa simple, divertido y paso a paso para enseñar a bebes de entre uno u dos años a combinar la utilización de gestos y signos además de palabras para comunicarse.Se trata de aprovechar la tendencia natural de los bebés ha hacer gestos (lanzar besos, decir adiós...).

Los resultados de sus investigaciones han puesto de manifiesto que con esta vía de comunicación precoz no sólo los padres consiguen comprender mucho mejor a sus hijos y sus necesidades y ellos se frustran mucho menos al ser capaces de comunicarse mejor, sino que además estos desarrollan capacidades que enriquecen sobremanera su comprensión del lenguaje.
La magia de desarrollar la inteligencia de nuestros hijos de Teresa López y Paloma Matías. El libro pensado para niños de a partir de tres años, tiene doce capítulos, cada uno de ellos aborda una situación diferente y cotidiana de la vida diaria: el desayuno, jugar en el parque, la hora de comer... La idea de las autoras es darnos pistas para hacer de cada momento del día a día una experiencia de aprendizaje.

Sus autoras son maestras y licenciadas en psicología. Ambas han ejercido la docencia directa en distintas etapas educativas y desde distintas funciones (tutoras de aula, profesoras de apoyo, puestos en la administración educativa, formación del profesorado, escuelas de padres...). Durante la última década su función principal ha sido la de orientadoras educativas. La redacción del libro recoge aquellas experiencias que han resultado útiles para un gran número de familias.
Hablando nos entendemos los dos es un manual muy utilizado por padres cuyos hijos presentan un retraso en el lenguaje que aplica la filosofía del método Hanen, seguir los intereses del niño, ponerse a su altura, facilitar la comunicación indirecta... pero resulta igualmente útil para padres de niños sin ningún problema.
Primeras habilidades del bebé, juegos creativos para favorecer el desarrollo durante el primer año de Miriam Stoppard. El primer año del bebé es determinante en el desarrollo futuro de las habilidades sociales, intelectuales y motrices del niño y con las herramientas que provee este libro se puede sacar el mayor provecho de las habilidades natas del bebé.
Con los ojos cerrados, la primera guía para enseñar a tus hijos a pensar de Angels Ponce ayuda a potenciar los pensamientos positivos, a trabajar desde muy niños el optimismo.
Conocimiento del entorno. 100 ideas para descubrir, comprender, experimentar, interaccionar y comunicarse con el mundo de A. Thwaites. Un libro sencillo y muy práctico. Ofrece cien ideas, actividades o sugerencias, de fácil realización y nada costosas, que utilizan siempre recursos corrientes. Desde el primer mes de vida hasta los seis años.
Juego musical y aprendizaje. Estimulación del desarrollo y la creatividad infantil de Alix Zorrillo Pallavicino. Saber música no es sólo cantar o tocar un instrumento, la música, disfrutar y jugar con las canciones y los instrumentos, estimulan el desarrollo integral del niño (intelectual, motriz, lenguaje…) dándole, además, la base para el desarrollo de sus aptitudes y conocimientos musicales.
150 juegos para la estimulación adecuada. De 0 a 3 años. Jorge Batllori y Víctor Escandell. En este libro hay 150 actividades, agrupadas por etapas: de 0 a 3 meses, de 3 a 6 meses, de 6 a 9 meses, de 9 a 12 meses, de 1 a 2 años y de 2 a 3 años.

lunes, 8 de marzo de 2010

ANTE EL STRESS INFANTIL


CÓMO PUEDEN AYUDAR LOS PADRES


Los padres pueden ayudar a sus hijos a responder ante el estrés de forma saludable de muchas maneras. Entre algunas de las cosas que pueden hacer los padres están las siguientes:

Darle al niño un hogar seguro, familiar, firme y confiable.
Ser selectivo con los programas de televisión que observan los niños pequeños (incluyendo los noticieros) que puedan producir miedos y ansiedad.
Pasar ratos tranquilos y relajados con el niño.
Alentar al niño a hacer preguntas.
Alentar al niño a expresar sus inquietudes, preocupaciones y miedos.
Escuchar al niño sin criticarlo.
Fortalecer los sentimientos de autoestima del niño, utilizar estimulación y afecto, tratar de involucrarlo en situaciones en las que pueda tener éxito.
Tratar de utilizar recompensas y estímulos positivos en lugar de castigo.
Darle oportunidades de hacer elecciones y de tener algún control sobre su vida. Esto es de particular importancia, ya que la investigación demuestra que cuanto más sienten las personas que tienen control sobre una situación, mejor será su respuesta al estrés.
Estimular la actividad física.
Conocer las situaciones y acontecimientos que son estresantes para los niños, como las experiencias nuevas, miedo a los resultados impredecibles, sensaciones no placenteras, necesidades o deseos no satisfechos y pérdidas.
Reconocer los signos de estrés no resuelto en el niño.
Mantener al niño informado de cambios necesarios y anticipados como cambios en el trabajo o mudanzas.
Buscar ayuda o asesoría profesional cuando los signos de estrés no disminuyan ni desaparezcan normalmente.

SIGNOS DE ESTRÉS NO RESUELTO EN LOS NIÑOS




Es posible que los niños no se den cuenta de que están estresados. Los padres pueden sospechar que un niño tiene estrés excesivo si éste ha tenido que experimentar una situación potencialmente estresante y comienza a mostrar síntomas como:


Síntomas físicos:
dolor de cabeza
molestia estomacal o dolor de estómago vago
alteraciones en el sueño
pesadillas
enuresis nueva o recurrente
disminución del apetito y otros cambios en los hábitos alimentarios
tartamudeo
otros síntomas físicos sin enfermedad física
Síntomas emocionales o de comportamiento
ansiedad
preocupaciones
incapacidad de relajarse
miedos nuevos o recurrentes (miedo a la oscuridad, a estar solo o a los extraños)
aferrarse al adulto, incapaz de perderlo de vista
comportamiento inquisitivo (puede o no hacer preguntas)
rabia
llanto
gimoteo
incapacidad para controlar sus emociones
comportamiento agresivo
comportamiento terco
regresión a comportamientos típicos de etapas anteriores del desarrollo
renuencia a participar en actividades familiares o escolares

PROBLEMAS DE NIÑ@S


Revista Padres e hijos
Los problemas de los niños, son tan importantes como los de los adultos y no deben pasar inadvertidos.


En estos días es difícil no encontrar personas que viven sometidas a constantes presiones laborales, familiares, sociales o económicas y cualquier detalle que se salga de la rutina o genere un problema adicional desencadena tensiones muy fuertes que ocasionan estrés y fuertes depresiones que afectan la salud integral.
Y es que estas situaciones, por cotidianas que parezcan, logran romper con el equilibrio emocional y físico de las personas, ya que se presentan como circunstancias de las que no se tiene el control inmediato o que se suman a la serie de problemas que ya se tenían aún sin resolver.

Pero aunque pudiera creerse que el estrés sólo afecta a los adultos, se ha comprobado que los niños y jóvenes también lo sufren y que las consecuencias pueden ser muy graves a nivel físico y psicológico, aunque lo eventos que lo producen no solamente sean negativos, sino también gratos e inesperados.

Sentirse tensos o preocupados es normal en la vida de todas las personas, pues el proceso de crecimiento y la adquisición de nuevas experiencias trae consigo cierto grado de presión, pero cuando éstas superan la capacidad para afrontarlas y generan ansiedad, aparece el estrés.

Los niños son más vulnerables en el aspecto emocional que los adultos, quizá porque no comprenden todavía el por qué de muchos eventos y porque deben lidiar con muchas exigencias a las que los adultos damos poca importancia o no nos damos cuenta de ellas, haciendo que sus fuentes de estrés provengan de los lugares y circunstancias que deberían darles más seguridad.

Presiones escolares, exigencias de los padres, problemas con sus amigos, pleitos, separación o divorcios de sus padres, enfermedades familiares, muerte de algún ser querido, cambio de escuela o casa, retos en los deportes y juegos, presiones por el tiempo de los padres, ruido, noticias del mundo y enfermedades, son algunas de las causas de estrés entre los niños y niñas que pueden perjudicar de manera importante su salud y su desempeño escolar así como sus relaciones familiares sobre todo con sus padres, familiares y amigos.

El asunto es más importante de lo que se piensa, ya que los niños ahora están viviendo una infancia llena de información que les es difícil de procesar y comprender, plena de violencia que les impide desarrollarse libremente sin temores, con exceso de responsabilidades y demandas ante una sociedad muy, pero muy competitiva que exige cada día más de ellos y ellas para que puedan salir adelante.

Otros problemas severos se originan por los problemas económicos que les afectan y por la cada vez menos disponibilidad de ambos padres para atenderlos, por la necesidad de trabajar y solventar los gastos de manera conjunta, lo que los lleva a sentirse solos e impotentes muchas veces para resolver sus problemas.

El riesgo es grande y puede manifestarse por medio de rebeldía, aislamiento, desarrollo de adicciones, enfermedades severas y hasta de suicidio, que lamentablemente se ha incrementado en niños y jóvenes de forma alarmante en los últimos años.

Si bien no es fácil cambiar muchas de las actividades y compromisos contraídos, sí podemos ayudar a los niños y niñas a combatir el estrés para que no se sientan presionados con facilidad, haciendo lo siguiente.
- Hacer que el tiempo que estemos con ellos sea de calidad y no tanto de cantidad.
- Mantener una actitud positiva pensando que todo tiene solución. El sentido del humor es un factor protector muy importante, sobre todo durante los primeros años de vida.
- Buscar espacios para distracciones y no encerrarse en los problemas, mucho menos compartir con los hijos los que solamente competen a la pareja.
- Establece un estilo de vida saludable, buena alimentación, hacer ejercicio, descansar, evitar el consumo de tabaco, bebidas alcohólicas y otras drogas.
- Cuando haya episodios de estrés, evitar la ingesta de cafeína , chocolate, sal y alimentos ricos en grasas.
- Procurar que el ambiente familiar esté libre de ruidos estresantes.
- Escuchar a los niños y dar importancia a sus problemas, estableciendo juntos las posibles soluciones, para que sientan que son capaces de enfrentarlos.
- No compartir con ellos los problemas económicos, pero sí enseñarlos a ahorrar, a racionalizar lo que se tiene y evitar las compras de “caprichitos”, como un medio de corregir la “culpa”, por la falta de tiempo con ellos.

Investigadores de la Universidad de Málaga han creado el ‘Inventario de Estresores Cotidianos (IIEC)’, un método dirigido a la población escolar. Según los expertos, preocuparse por la apariencia física, participar en muchas actividades extraescolares y estar solo mucho tiempo son algunos de los factores que influyen en el riesgo de sufrir estrés infantil. Es estrés puede provocar trastornos del sueño y de la alimentación y bajo rendimiento académico

“Las cifras avalan la necesidad de disponer de instrumentos de evaluación específicos del estrés cotidiano que se dirijan a población infantil”, explica Mª Victoria Trianes, autora principal del estudio y catedrática de la Universidad de Málaga.

El informe, publicado en la revista española Psicothema, tiene 25 ítems de situaciones diarias en las áreas de salud, escuela, familia y relación entre iguales, todas relevantes en el desarrollo infantil. El inventario se valida también con otras fuentes como el profesorado y las madres y padres.

“El IIEC proporciona una valiosa información para el desarrollo de pautas de intervención psicoeducativa que mejoren la convivencia escolar y favorezcan que niños y niñas desarrollen herramientas adecuadas para el manejo del estrés cotidiano a lo largo de sus vidas”, afirma la investigadora.

Según los expertos el estrés hace que niños y adolescentes desarrollen sintomatologías ansiosas y depresivas, trastornos del sueño y de la alimentación, conductas disruptivas y bajo rendimiento académico. Además, también hay consecuencias en la salud física. Por ello, “su prevención y tratamiento efectivo tendrá consecuencias de salud mental y desarrollo óptimo en la infancia y adolescencia”, concluye la catedrática.